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Donde sueñan las palabras

"Libertad es tener un hogar al que poder regresar"

Pablo Macías

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June 17

Unos sonrientes borrachines

 

El embargado

 

A sorbos cortos desvariando los problemas,

a picos de paciencia

(en mi mano salta el tiempo como una moneda agujereada),

mis ojos te acercan y te alientan como llamas

(qué sentido quieres morena),

gira el humo que brota de las lágrimas,

sentimientos despoblados se llenan de pronto

como después de la lluvia

(matices distintos ganados en el roce con la vida),

mi corazón es refugio de mariposas o direcciones de la luz

mientras hechice o ate todos los recuerdos

(alguien me pisa la respuesta o el dedo gordo).

Lo que cuenta es pagar ahora

que aún puedo verte brillar a través de la marejada.

 

 

El manzanilla

 

Con sólo tres frágiles rosas cumplidas,

ya sabido el llanto y suelta la sonrisa,

con una canción en los labios

y más bueno que el pan con hambre

voy sorbiendo los vientos

como soñando un universo resfriado.

 

El cultivado

 

Jazmín en los espejos de una gota desintegrándose en el silencio que sigue...

Viendo sin ver…

Un cielo policromado reunido en el grito de un halcón por tus pensamientos.

Tuya es la palabra.

Luna meciéndose hasta la Tierra de tus ojos,

fragmentos de una vidriera cayendo para siempre en el tiempo

y yo como inmaculado fantasma.

 

El golosina

 

A base de vasos de vainilla y chocolate caramelizado

elevo una temblorosa pirámide sin el cemento de las penas

a tu salud y a mi fortuna,

mano ganadora,

escalera de chispas,

monóculo algo cansado

pero al fin y al cabo feliz

como diente de leche desconchado.

 

May 18

Haikus en memoria de Benedetti

 

hay pensamientos

del eco de tus ojos

en las estrellas

 

atolondrada

la campana salpica

bajo la lluvia

 

recorte nubes

con mis dedos mojados

por escribirte

 

amado poeta /

corazón de piruetas /

aquí te quiero

 

saldrá la luna

simplemente sintiendo

que el mar se acerca

 

suave / amor / loco /

orquesta submarina /

hogar y fuego

 

la hora volada

el gato sobre el piano

y el vaso lleno

 

todo el dinero

o es azada hundida

o es espejismo

 

la bondad mata

de penas / pero alivia

al sol del cielo

 

al caer la noche

letras filamentadas

lucen tu nombre

April 25

Voltaje

 

A caricias,

como si el sol se hubiese quedado dormido pensando en un oso blanco,

vas moldeando mi sed

siguiendo los surcos de una vieja canción

donde el faro brilla para siempre en las lágrimas de las sirenas.

 

 

A golpes,

como si a la luna le hubiese desvelado su sueño,

vas dándome aliento

siguiendo el ritmo de un viento febril

donde un beso puede redimirnos de toda la distancia.

 

April 13

Aprendiendo de las golondrinas

 

¿Dónde van las golondrinas

cuando sienten a la hermana de Sueño?

Seguro que trazan un círculo de despedida

y sin olvidar nada

regresan al lugar de donde partieron,

donde el viento reza espirales y tirabuzones

y se levanta y se acuesta con el sol,

donde la primavera es niña

y tiene tibias manos. 

Seguro que nada más llegar

sienten la necesidad de decir:

"soy feliz"

April 05

Arrimar el mundo al corazón

 

Despertar,

ahuecar las nubes,

brindar el cielo

con los brazos abiertos.

Dejar al tiempo en la ducha

contando gotas templadas.

Saborear el rumor de la leche,

el estallido de la naranja,

las burbujas del pan,

la electricidad del agua.

Bailar al abrir la puerta

con caballerosidad y encanto.

Respirar el viento,

caminar a ritmo de vela

y de vez en cuando echar a correr

como a punto de echar a volar.

Escuchar, sólo escuchar,

la inocencia del gorrión.

Mirar

con la bondad bien plantada en la mirada.

Saludar con una sonrisa

a la más minima oportunidad.

Arrimar el mundo al corazón,

abrazar a los que queremos

hasta sentir su latir

equilibrado con el nuestro.

March 29

(((((((abrazo)))))))

 

Soñaremos las estrellas

y por la mañana amasaremos sin prisas el cielo,

despertaremos a ese sentir

que renace a cada momento en el corazón,

a esas notas tibias endulzadas por los dedos,

a esa magia cotidiana que encanta hasta las lágrimas.

Seremos imperfectos, seremos libres,

descansará la razón en nuestras curvas,

haremos equilibrios con una moneda

y aprenderemos los trucos del viento.

 

Pero ocurra lo que ocurra

no caerás más allá de mis manos.

March 22

Llegó la primavera

 

 

La rama está rota. Una delgada tira de corteza es lo único que la mantiene unida al cerezo. La herida se ha vuelto negra y ni siquiera tiene ese pegamento, que se puede usar como tal con un poco de agua, con el que los cerezos curan sus rasguños. Sin embargo la rama ha florecido al mismo tiempo que el resto del árbol.

He pasado el fin de semana en mi pueblo y he vuelto con algunos tesoros (entre ellos un agujero en el calcetín) y un poco de catarro (ya llevaba la garganta algo áspera pero un viento me pilló después de cavar un rato en la viña ayer tarde y me ha dejado para el arrastre). Por allí el trigo pide un poco de agua que enternezca la tierra, la cigüeña vuela con ramas que a mí me costaría llevar, la savia se llora a reguero y en general la primavera deja sus señas en cada uno de los sentidos.

Bueno ésta es una entrada algo distinta. Tengo la libreta llena de proyectos y os quiero transmitir esa sensación. Por ejemplo como dice mi diccionario poético abreviado (aún entre andamiajes):

                              Poeta es aquel que causa belleza.

                              Belleza es el resultado de la reunión de verdad y bondad.

                              Verdad es universo.

                              Bondad es alma.

Todo ello se puede profundizar y extender pero me acojo a la escusa de dejároslo a vosotros.

Tengo pendientes la historia de un pobre hombre que escribió su nombre con tinta indeleble en cada uno de los billetes de su fortuna antes de morir y la de una mujer que cantaba como un ángel que hubiese dejado marchar hasta la última pluma de sus alas entre los vientos de una puesta de sol frente al mar. Pero hoy siento otra sed:

 

Deshilaba las palabras como si fueran de seda

y ellas tiernamente alumbraban una imagen

a veces perezosas como lagartijas

y otras cantarinas como ranas.

 

Tenía una mirada perenne y viajera,

de estrella fugaz y de cobre viejo,

de eterna pregunta y regreso

que todo lo volvía diario y hermoso.

 

De un soplido cuajó de flores el árbol

y se marchó pero seguía estando

no sólo color o sentir

sino memoria viva.

 

Mañana seguirá siendo mañana

pero hoy me gane su sonrisa

y a la luz de su llamada

es fácil esperar al alba.

March 15

El palacio flotante

 

Una radiante mañana el maharajá de Udaipur decidió que estaría muy bien tener un palacio en el cielo. Lo primero que hizo fue convocar a los mejores pilotos de cometas y desafiarles a pescar una nube sobre la que poder sostener su sueño. También llamó a los mejores cocineros del mundo para que lograsen un material tan ligero como su aliento con el que construir el palacio más bello del mundo

Allí acudieron todos. Los cocineros con un dulce ladrillo blanco hecho de aire y fino azúcar y los pilotos, tras investigar las técnicas de los pescadores, con la idea de usar agua como cebo para que si la nube no quedaba engatusada por la danza de sus cometas lo hiciese al probarla. Trajeron agua bendecida por hombres santos, agua de la nieve del Everest, del rocío de Kalimpong y de la lluvia de Gangotri, agua de los más recónditos manantiales y los más exóticos ríos, con ella empapaban sus cometas antes de echarlas a volar.

El maharajá fue inasible por las dificultades. Sus consejeros le dijeron que a su palacio se lo llevaría el viento y a él se le ocurrió ponerle timón, vela y ancla. Le dijeron que él mismo no podría sostenerse sobre la nube y consiguió que le hicieran unos zapatos flotantes. Eran ridículamente grandes, confeccionados con seda de araña y nubes de vapor de tetera y al más mínimo desequilibrio le hacían quedar colgando bocabajo mientras se le caía cuanto llevase encima. Tardó en acostumbrarse pero al final, salvo por algunos problemas de frenado, se deslizaba por los pasillos con gran habilidad.   

Así siguieron sus planes. Los pasteleros moldearon elefantes de mirada sabia y columnas tan profusamente decoradas que cada una parecía un pequeño jardín. Los pilotos de cometas desplegaron un asombroso festival de colores y movimiento por todo el cielo. Al atardecer, cuando aflojaba el calor, los niños de la ciudad se añadían al espectáculo con sus cometas caseras. No sólo lo hacían por la recompensa del maharajá, que hubiese cambiado sus vidas, sino también por la sensación de libertad que tenían en cuanto se tensaban los hilos. Era maravilloso que algo tan sencillo y pequeño pudiese llegar tan lejos. Fue uno de esos niños el que consiguió pescar a la nube. Su padre había construido su cometa de papel y su madre le había puesto una gota de perfume. Él volaba su cometa imitando a los pájaros de humilde nombre e intensa alegría que cuando un viento, que llevaba un rato encaprichado con sus cabellos, decidió llevarse su cometa a lo más alto. Tan alto que al niño se le acabó el hilo y tuvo que pedirle a un amigo. Tan alto que se perdió de vista y pareció que ya no regresaría pero cuando lo hizo trajo consigo una rolliza y hermosa nube. Tendríais que haberle visto volver a su casa con la nube siguiéndole al final de su cometa y una multitud rodeándole. Tendríais que haber visto la cara que puso su madre.

El maharajá nombró al niño piloto de cometas real y antes de que la nube se aburriese y se marchase logró que bajase lo suficiente para tender sobre ella una inmensa y suave sabana de seda. Un centenar de hombres la retuvieron mientras el maestro ingeniero colocaba y pegaba con jarabe de azúcar las piezas del gran puzzle en que los cocineros habían dividido el palacio. Pesaban tan poco que en sólo dos días estuvieron dispuestas y el maharajá pudo ver como desde las ventanas de su habitación bajo la gran cúpula central su reino abarcaba el horizonte.

Construyó una escalera de flores al lado de su lago favorito y allí ancló su palacio flotante. Era tal su belleza que la gente madrugaba para contemplar como se teñía de un delicado naranja con la primera luz del sol y el maharajá salía a saludarles un poco inconscientemente. Al anochecer encendía velas de ceniza y azúcar y el palacio parecía hundirse en el cielo. Los viajeros decían al regresar a su hogar que habían visto una maravilla y los habitantes de Udaipur sentían el orgullo de saberla suya.

Llegó la época del monzón. La nube se mantuvo un rato enroscándose sobre si misma  pero finalmente no pudo aguantarse las ganas y empezó a llover sobre el lago. El maharajá apenas tuvo tiempo de escapar por la escalera y contemplar como el palacio se iba deshaciendo lentamente en las tranquilas aguas del lago. Ninguno de sus consejeros consiguió separarlo de la orilla desde donde lloró amargamente su sueño perdido. Lo logró una familia que se sentó a comer cerca de donde él estaba. Bebieron agua del lago tomándola con deleite y sonrisa. La felicidad que reflejaban sus rostros conmovió al maharajá, que probó el agua y notó su dulzura a pesar de todas sus lágrimas. En aquel momento decidió construir un nuevo palacio sobre el lago, está vez de piedra. Aún hoy se puede ver en Udaipur y, aunque el agua ya no es tan dulce como entonces, hay familias que acuden a comer al lago y cuentan la historia del palacio flotante.

March 07

El deshacer la distancia

 

¿Ves este verso, nervioso relámpago

que abre el cielo y cae al lado de un árbol?

Ha hermanado este momento en el aire,

nos ha llamado y reunido y dejado

juego y reflejo entre nuestras retinas

que se apagará con un parpadeo.

De un aleteo será mariposa

en la alta catedral de tus sueños.

¿Escuchas su infantil, su suave rezo?

¿Sientes su grácil, su amable sonrisa?

Se posa bajo las vidrieras rotas

y aún parece que remonta y olvida,    

que vuela como un camisón de seda

llevado de anhelo, aliento y desvelo.

Es tal su frágil belleza que cura,

que manan lágrimas de los recuerdos.

Tendamos nuestra caricia al unísono

hacia su pirueta, hacia su piropo,

para que cuando termine el poema

podamos liberarnos uno a otro

de los alfileres de las estrellas.

February 26

Una historia de amor

 

El invierno sólo duerme a las semillas,

en el fondo es superficial,

no llega a la ternura del agua ni a lo antiguo de la luz.

Cuando sienten una cálida bondad

ascienden y se redescubren y crecen y florecen,

tal vez no más sencillas pero sí más cercanas.

 

Ella equilibró su voz con la luz de la luna

y las sombras de los barrotes temblaron

como si estuvieran hechos primero de cristal,

luego de agua y al final sólo fueran acordes de un arpa

necesitados de un corazón para llegar a ser melodía.

Él dejó que la lluvia le besase y el sol limpiase su alma.

 

February 22

Son de río

 

Al encontrarme la noche

toco por soleares la luna

y por hacerlo me sonrojo,

ella es muy hermosa.

Partid valientes hojas al alba

que a mí ya me alcanzó el sueño,

que arropado por una hilandera de nubes

quiero y me quedo dormido

entre las nanas de los sauces.

February 20

Sopa de tortuga

 

Un travieso viento primaveral jugaba con el cielo de mil soles de un grupo de jóvenes Nomeolvides. Tortuga contemplaba el baile de las flores al tiempo que paseaba unas briznas de hierba por su boca desdentada. Ella era muy tranquila y algo tímida. Meditaba cada paso que daba hasta el punto de que no se había tropezado ni una sola vez en toda su vida. Tenía la cara más seria y responsable que os podáis imaginar. A primera vista era un poco aburrida pero cuando presentía que el mundo no le prestaba atención estiraba su largo cuello y miraba las nubes. También le gustaba quedarse bañándose en el río hasta que empezaban a deshacerse sus arrugas y dormir totalmente cubierta por hojas para darle una buena sorpresa a quién se le ocurriera despertarla.

Aquel día había sido algo ajetreado para Tortuga: a Gorrión se le había ocurrido que su caparazón sería un buen escenario y se había puesto a cantarle al sol subido encima, todo descaro y desparpajo. Además, por si no fuera suficiente emoción, había encontrado un trébol de cuatro hojas que sabía igual que un arco iris. Le daba vueltas y vueltas en su memoria a las dos cosas completamente distraída, cuando todo tembló. "¿Qué? ¿Cómo? ¡No!" pensó y antes de llegar al cómo ya se había refugiado en su caparazón y miraba por la rendija como pasaban el suelo y los árboles como si les hubieran entrado unas repentinas ganas de correr. Cerró los ojos creyendo que si esperaba lo suficiente se acordaría de que no acababa de sentir lo que había sentido. Todo siguió temblando, aunque más suave. Los abrió un parpadeo, por curiosidad, y sus ojos se llenaron de azul y de luz. "Estoy volando" pensó porque, aunque nunca se lo había contado a nadie, ese era su sueño secreto. La ilusión le hizo inmensamente feliz un momento pero, como no le costaba ningún esfuerzo y instintivamente notaba algo de miedo, finalmente decidió esperar. Esperó hasta encontrarle algo de ritmo al temblor. Esperó hasta convencerse de que sólo era un balanceo. Esperó y se quedó dormida.

- Toc, toc - llamaron.

Tortuga se despertó creyendo que era un pájaro. Afortunadamente se dio cuenta a tiempo de que estaba en su casa donde nada podía hacerle daño y se hizo la remolona.

- Toc, toc - volvieron a insistir.

- No parece querer salir, su señoría.

- Pues va a tener que ser por las malas. ¿Alguno de los presentes tiene un poco de pimienta?

- ¡Yo! Yo. Es que me gusta echar en la ensalada una pizca.

- Pues proceda.

Tortuga, ya completamente desperezada y mosqueada, vio caer una lluvia de pimienta a la entrada de su caparazón y contuvo la respiración. La lluvia no paraba, incluso parecía que la abanicaban para que se le colase bien dentro. Así que finalmente no pudo evitarlo y...

- ¡Achúm! - estornudó Tortuga con la fuerza de un trueno levantando una inmensa nube de pimienta.        

Cuando se calmaron los estornudos y la algarabía general Tortuga descubrió que estaba en el centro de un claro del bosque rodeada de una variopinta multitud de animales. Había patos revoltosos, topos miopes, ratones que no podían estarse quietos, ardillas de cola mullida, un sapo todo gordo y lustroso, dos tejones muy trajeados, una nutría enjoyada con gotas de agua, un zorro pasándose la lengua por sus dientes... Todos la miraban y ella ponía unos ojos como platos, apunto de desmayarse. Y aún había más: una fila de tordos parloteaban sobre la rama de un alcornoque, más arriba armaban bulla unos cuervos mal educados y en un inmenso roble un búho intentaba poner orden en la asamblea con una intensa mirada.   

- ¡Sopa de tortuga! - chilló Liebre a su espalda agitando frenéticamente una campanilla.

Tortuga hizo un amago de esconderse pero Búho la miró con tanta convicción de que no podía hacerlo que, por lo que pudiera pasar, Tortuga simplemente se encogió un poquito.

- ¡Orden! ¡Orden! - exclamó Búho con firmeza.

- ¡Sopa de tortuga! - campanilleó Liebre y luego puso su mejor cara de "yo no he sido".  

- Ejem. Ahora que tenemos presente a la acusada podemos continuar con el proceso - dijo Búho.

- ¿Acusada? - dijo Tortuga bastante confusa por la situación.

- ¿Tiene algo que decir en su defensa o podemos pasar al veredicto? - preguntó Búho.

- ¡Sopa de...! - Liebre iba a decir tortuga pero Búho la miró como si estuviera a punto de enfadarse.

- No he echo nada - dijo Tortuga.

- ¡Te comiste mi trébol!- dijo Liebre con voz emocionada. - Lo tenía pedido desde que lo encontré cuando no era más que una tierna promesa en la que apenas se notaba lo hermosas que serían sus hojas. Llevaba años... bueno, días observándolo crecer, cuidándolo con mimo, esperando el momento perfecto, el momento exquisito.   

- No lo sabía - dijo Tortuga algo preocupada.

- ¡Lo dije! Lo dije y lo repetí. La anterior reunión y la anterior a la anterior. Lo dije alto y bajo y si lo hubiera podido decir bailando lo habría bailado. Lo dije - dijo Liebre y mientras lo decía Tortuga se iba agachando.

- Pero es que... - susurró Tortuga- Yo no estaba...

- Claro. Para que iba a venir Tortuga. Si total no lo necesita. Esta bien con sus casa a cuestas y sus cosas y comiéndose tréboles de cuatro hojas y a los demás que les zurza un rayo.

- Yo... - intentó hablar Tortuga.     

- A ver si nos centramos en los hechos en cuestión ¿Lo hizo la acusada a propósito? - preguntó Búho.

- ¡Sí! - saltó Liebre.

- ¡No! - dijo un poco más tarde Tortuga.

- ¡No! - repitió Tortuga porque le pareció que era necesario.

- Explíquese - dijo el Búho lanzándole una inquisitiva mirada.

- Nunca he querido hacer daño a nadie. Es cierto que no he venido a la reunión. Pero también que no me había parado a reflexionar sobre ello. Lo siento. Vi aquel trébol tan hermoso y sin pensarlo me lo comí. Sabía a la primera vez que juegas en el agua con un sol de verano, a una nube roja como las primeras hojas del otoño y azul como las últimas nieves del invierno.

- Encima me dice...

- Sí - dijo Tortuga adelantándose - pero aún sabiendo lo rico que estaba, si volviera a aquel momento no me lo comería. Lo siento. No me imaginaba que era tan importante para ti. Pero ahora sí. ¿Me perdonas? - dijo Tortuga y, aunque trataba de que nadie la viera, había una lágrima temblando en sus ojos.

- Bueno... - dijo Liebre agitando su pata como si se lo estuviese pensando.

- A ver si nos aclaramos. ¿Ha aprendido la acusada la lección? - intervino Búho.

- Sí - dijo Tortuga mirando compungida a Liebre y a todos los animales presentes.

- Bien, en ese caso castigo a la acusada a invitar a la acusación a comer... No sé... Sopa de verduras. ¿Mañana os viene bien a las dos?

- Sí, su señoría - dijo rápidamente Liebre pensando en los trocitos de zanahoria de la sopa.

- Sí, su señoría - dijo Tortuga preguntándose donde podría encontrar un trébol de cuatro hojas a esas horas.  

- Pues hala, sanseacabó, que se ha hecho tarde y tengo que darles un beso de buenas noches a mis muchachos - dijo Búho y todos los animales partieron, los más pequeños primero y los más grandes después, unos a sus nidos, otros a sus madrigueras y otros a su río, pero todos felices porque la historia había terminado bien. 

 

January 24

Media vida

 

Nací en mitad del invierno. Mi madre me contó que lloré por el frío ante la atenta mirada de las estrellas. Ella, con sus últimas fuerzas, me limpió con sus cabellos y me abrazó contra su pecho. Allí podría haber terminado todo si no fuera porque le dí una patada. Todavía se ríe cuando piensa en ello. Se levantó y empezó a caminar sin ver. Sólo la pared de una casa pudo detenerla. No me cuesta imaginar la cara de Antonio al encontrarnos atraído por mi llorera. Sin duda abrió mucho sus ojos de cordero y se llevó la mano a su barba de varios días. No le pesamos demasiado.

Me gustaba aquella casa. La estufa del taller y la jaula de alambre desde donde Pirri escuchaba a Antonio labrar la madera. El corral y su chirriante bomba de agua. La pequeña habitación encima de la cocina con sus revistas de antes de la guerra. La esquina del tejado donde a Zampón, el gato del vecino, le gusta tumbarse a tomar el sol.

Fui un niño algo revoltoso cuando nadie lo miraba pero obediente. Era aficionado a los cuentos de vaqueros del kiosco de la señora Agustina, que hacia las veces de biblioteca, y a las melopeas de botella de gaseosa con la pandilla. No destaque demasiado como estudiante pero don Arturo decía que tenía madera. Era un hombre con bigote de regla y voz rompiente al que secretamente llamábamos el Emplazado.

Me enamoré, antes de saber que estaba enamorado, de la chica más bonita y lista del pueblo pero lo que callamos no suele hacer que nos quieran. Era un poco mayor que yo y estaba en el coro de la iglesia. Me era fácil distinguir su voz entre las demás y soñar que cantaba para mi. Una vez baile con ella, supongo que os imagináis el desastre. Son las cosas de la vida. Aún así la recuerdo como una época en que la felicidad absoluta estaba a la distancia de un beso. 

Un día sentí que me picaba el trasero de tantas horas en el taller. Vamos, que me había llegado el momento de partir. Aproveché una cacería para contarle a Antonio, con mi madre no habría podido, que pensaba irme al extranjero. Acabe quedándome otros tres años. Aún hoy me relaja pensar en la madera, me cambia hasta la respiración. Finalmente me fui, como la mayoría de mis amigos, a la gran ciudad. Contaba con veinticuatro años, un hambre enorme de todo y una cara de ángel despistado para meterme y sacarme de líos.

Realicé un examen para entrar en la empresa que fabricaba las más grandes nubes de humo de la región. Puse mi nombre bien y el resto quedó más o menos en blanco. En mi favor he de decir que leí todas las preguntas. Jamás hubiera imaginado que en la vida hubiese tantas cosas abstractas, tantos conocimientos intrincados. Salí de allí sostenido sólo por la promesa interna de estudiar lo que hiciera falta para llenar aquel inmenso hueco del que ni siquiera había sido consciente. No pudo ser, me llamaron para empezar a trabajar a los tres días.

Vivía de alquiler con una patrona que me curioseaba el armario. Tenía que levantarme antes que el sol, caminar entre un frío que curtía la piel y al llegar a la fabrica ponerme a producir en una cadena interminable. Pero también estaba Verónica. La primera vez que la vi me dejó hecho un guiñapo. Era peluquera y me pegó tal trasquilada que la gente se me quedaba mirando por la calle. La segunda vez ninguno de los dos pronunció palabra. Me dejó mejor que bien y al final compartimos una sonrisa en el espejo. Después fui a una farmacéutica a preguntar por un crecepelo.

Verónica era bonita, pero de verdad y con pecas. Nos gustaba pasear y hablar de nada importante. Íbamos de parque en parque y cuando menos se lo esperaba le regalaba una flor o una figurita de porcelana o, si me parecía que nadie nos miraba, un beso.

 

January 22

Regreso

 

Aún tierno, siempre reciente, regreso.

Tendido a la luz

repaso mis labios,

trazo una línea acariciante

y tomo posesión de mi mismo.

Si mi mano tiembla la llevaré al corazón,

si mi corazón se pausa que latan mis palabras,

si mis palabras se vacían que hablen mis ojos,

si mis ojos dudan los cubriré con recuerdos.

El alma no olvida lo que tienta su tacto.

December 20

Te desafío

 

Me gusta escribir poesía (y que me desafíen, esa es la mejor manera de ganarme): "Su grito llegará a tiempo allá dónde vaya, sus colores se desplegarán aún en la distancia y en ese enhebrar de estrellas que es el destino de todos los hombres encontrará un hueco donde florecer". Esta poesía de paisaje nocturno también habla de la propia poesía (he llenado un par de hojas de versos de borrador antes de encontrar lo que buscaba y me ha llevado un buen rato pero la espera ha valido la pena).

 

Dibujaré un loto en tu ombligo antes de besarte.

Desnudaré a la canción de su secreto.

Brillaré hasta lo indescriptible

y me fugaré con el río al pulso del viento

¿Serás capaz de alcanzarme?

 

El frío fotografía el paisaje.

Nieva como por vez primera.

Se escapa mi corazón al nido de mis manos

y voy dejando huellas de tinta que la vida remienda.

¿Serás capaz de encontrarme?

 

A la luz de una luna imaginaria

mis pensamientos se bañan como pececitos de goma.

Muerdo lentamente las estrellas.

Anclada en la espiral pugna por brotar una aurora.

¿Será mañana?