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Donde sueñan las palabras

"Libertad es tener un hogar al que poder regresar"
August 15

El encargo

 
Acarició el terciopelo hasta conseguir el brillo y la calidez de gato dormitando al sol. Lo probó en varios ángulos antes de quedar satisfecho de como acomodaba la luz y cortarlo. Mimaba cada costura con sus dedos, cuidaba cada pequeño detalle sabiendo que allí se revelaba la maestría, el amor por lo que hacía. Tapizar había trabajado su alma con suaves silencios y precisa confianza.
A lo largo del escaparate de su pequeña tienda se exponían fotografías con sus mejores trabajos. Sólo contenían un reflejo de la belleza que él atrapaba, por eso colgaba un juguete de espejos, una promesa que en las mejores horas del día transmitía a los que pasaban la luz que entregaba a su arte. Dentro el tapicero percibía el paso de la gente como mariposas de colores en el borde de su visión. Algunos se paraban, casi todos encandilados en el tapiz con la oración, pero la mayor parte se perdían al cabo de un instante. Los que miraban la flor del costurero y su color atardecer entraban.
Sintió a alguien. Espero pacientemente que llegase hasta él mientras manejaba el martillo imantado con un continuo latir. Sonrió antes de fijar su atención en él.
– ¿Qué desea? – preguntó ajustándose las gafas. El cliente repitió inconscientemente su gesto. Parecía algo nervioso.
– Un tapiz que sea idéntico a una noche sin nubes.
– Lo tiene muy claro. No le garantizo que satisfaga a su imaginación. Creo que podría lograr el reflejo del cielo en una noche de luna profunda en un lago poblado por carpas. ¿Para que lo desea?
– Para envolver un libro.
– Tiene que ser un libro valioso. ¿Lo tiene aquí?
– Lo siento no puedo enseñárselo. Pero tengo el patrón de las estrellas que debe de tener.
– Es un encargo ciertamente atípico.
– No sólo eso, necesito terminarlo cuanto antes. Quiero algo realista, sencillo.
– Mire señor...
– Ignasi. Perdone que no haya comenzado presentándome. Estoy nervioso. Me llamo Ignasi y el libro que necesito cubrir se titula Lleó.
– Señor Ignasi, este es un arte delicado. Usted busca algo seductor, algo que establezca un pacto secreto con los que lo vean. No es coser y cantar. Yo llevo toda una vida tapizando y cada trabajo requiere de su propio aprendizaje e inspiración.
– Se lo ruego. Para mi es muy importante. El dinero no será problema.
– ¡Ja! El dinero dejó de importarme hace mucho. No se trata de eso. Su propuesta es un desafío, por eso la acepto, pero requiere de tiempo.
– ¿Cómo podría convencerle para que se concentrase sólo en esto que le pido?
– Sin duda su libro tiene una historia interesante.
– Pídame otra cosa – Ignasi se frotó la frente y suspiró visiblemente cansado. – Está bien se la contaré pero cuando termine lo que le he pedido. No antes.
– Es razonable. Empezaré con su proyecto esta misma noche.
– ¿Le importaría si me quedo a ayudarle? Empezaré ya con los preparativos. Sólo indíqueme que debo de hacer.
– Pero... Mire, necesito concentrarme en lo que hago. Cuando termine está silla estaré con usted. Eche un vistazo al taller si no piensa marcharse.
 
 
– No pensé que tuviera tanta paciencia.
– Se trata de algo importante para mi.
– Una pasión. Estaría mejor dedicada a una mujer, pero en fin, que se le va hacer, parece usted de los casados con su trabajo. ¿A qué se dedica?
– Si se lo dijese podría deducir mi secreto. Digamos que me ocupo de definir limites en el fondo de los ojos.
– Ahí me ha pillado. A ver si va a tener también espíritu de poeta.
– Sí, se presta algo a ello. Sólo necesito el tejido, yo me ocupare de colocárselo al libro.
– No le quedará bien. Recuerde que ha prometido contarme la historia. No veo un motivo por el que no pueda enseñármelo, así trabajaría con más detalle.
– Piense que cuando todo esto acabe tendrá una historia que contar a sus nietos. Necesito que sea más oscuro por los bordes.
– Tiene muy claro lo que necesita.
– Yo mismo me ocupare de los retoques finales. Sólo necesitare unas pocas indicaciones.
– Bueno, bueno, ya veremos. Para lograr su cielo usaré seda negra. Es sensible a la humedad. La pasamos por un poco de vapor antes de empezar. ¿Ve? Tiene brillo y suavidad y te abraza, no como esas frías fibras sintéticas, la seda enamora. Entretejeremos en ella los hilos de plata. ¿Sabe que creo que quedaría bien? Sus cabellos. Perdone que hable tanto pero me gusta conversar conmigo mismo, aunque lo hago normalmente sin darle tanto a la sin hueso. Vamos a ponerla en este bastidor. Suelo trabajar con un diseño definido pero para lo suyo la cosa cambia, esperemos que baste con sus estrellas marcadas sobre este papel. La próxima vez puede usar entretela que es más maleable. Pero me las apañaré. Pondré algún detalle en oro. Recuerde que cuidar la luz a la que se exponga es fundamental. Este trabajo será mucho más sutil que el tisú. Bonita palabra. Viene del francés. Es curioso lo importantes que son los nombres. Hoy en día a las cosas se las etiqueta con una larga ristra de números. Es antinatural, yo me pierdo al hacer un pedido. A la seda hay que tratarla con delicadeza de pincel. ¿Ve cómo se hace? Es una labor que requiere de mucha planificación pero una vez que llega el momento hay que bailar los dedos. A esta dama no le gustan los temblorosos. Y cada vez que sientas que deja de fluir tomarte un descanso...
 
 
– Esa estrella un poco más grande.
– Por supuesto. Lo cierto es que está quedando bastante aparente a una noche, además de que casi hemos consumido la de afuera. ¿Me cuenta la historia?
– Sólo si me jura guardar el secreto. Hay algo más valioso que usted y que yo en juego.
– Lo dudo mucho señor. Pero tiene mi juramento, no por mi vida sino por está pequeña tienda a la que me gustaría seguir dedicándome hasta mis últimas fuerzas.
– Verá, he descubierto un nuevo mundo. Un planeta. Muy lejos de nosotros.
– ¿Y le has llamado Lleó? Yo le habría puesto el nombre de mi amada, que menos.
– No... No es eso. Es que lo he descubierto por unas fórmulas matemáticas.
– Ah, ya veo, y no puedes hacerle una foto.
– Así es. He ido a los periódicos al principio entusiasmado pero es que me dicen que no tiene interés cuando es algo que amplía el universo conocido.
– Y crees que con una foto trucada todos te harían caso.
– Pero es que es verdad. Las ecuaciones no mienten.
– Pero los seres humanos se equivocan.
– No, no es el caso. Sé que es verdad. Las ecuaciones encajan. Es... Es bello.
– Eso si que lo entiendo. No seré yo quién impida a un joven intentar transmitir su belleza. Pero ¿Lleó? Yo habría escogido algún nombre más resplandeciente.
– Gracias. Gracias.
– No hacen falta. Al fin y al cabo he tejido un cielo para un planeta.
August 12

Ensalada griega

 
Giro al sol entre mis dedos
acunado por un lírico alado
y pomposos ojos retocados
con armonía de fuente de templo
y entre verso lo que soy
un poeta de tierna morada
que sólo sabe a mar
con sendas incansables
de tierra de miel
de aceite de luna
de velas estirándose como sauces
en nostalgia de mermelada de tomate
August 04

Pompas de jabón

 
Bailan pompas de jabón,
bailan al ritmo del corazón
por calles pintadas de tiza,
por cielos arropados de luz.
Bailan miradas de niños,
bailan los mayores deseos
por círculos de fuente joven,
por leves suspiros de colores.
 
Baila otra vez mundo en pompa,
baila una vez más día en flor
las altas sedas de tu vocación
vagabundo de todas las cosas.
Corre y resurge en alegría,
los niños juegan y esperan
atentos a tus dulces nuevas
flotando entre sus sonrisas.

July 31

Autorretrato

 
Soy peregrino de ríos,
sonrisa de niño pobre,
viento hijo de la luna,
marinero de rosa azul.
Soy mimo remojado,
bigote de helado de verano,
escultor de flores de papel,
hilo de colores para sombras.
Soy caracol ante el alminar,
aprendiz de cuenta sueños,
equilibrista de días de lluvia,
lágrima prendida de una estrella.
Soy corazón de espantapájaros,
comodín de baraja de una carta,
colibrí abrazado por sus alas,
amor por la gracia de mi amada.

July 29

Cuentos instantáneos

 
"Filosofía para niños". El libro tenía pegatinas de relucientes mariposas en la portada. En el índice lo componía una larga lista de preguntas. Lo abrí por donde mis dedos me marcaron el centro. La pregunta que encabezaba la página era: "¿Existe Dios?". A continuación ponía: "Claro, por eso has preguntado por Dios y Dios ha dejado la respuesta en ti". Debajo aparecía la fotografía de un joven con el dedo índice apoyado en su nariz.
 
 
– Hop – dijo el payaso dejando a engatusados a un lado a todos los niños y al otro al león. Con la seguridad en su voz, se puso el aro en su cintura y intentó bailar sobre sus largos zapatos alrededor de la peana. Lo hacía muy alegremente hasta que se tropezó.
– Raurg – rugió el león y se abalanzó contra el payaso aún arrodillado.
Afortunadamente él pudo sacar un enorme pañuelo de colores y, dando un pase de pecho, torear en el último instante al fiero león.
 
 
El instante resonó como la campanilla de cristal de una antigua perfumería. No sólo se detuvo el reloj de la estación sino que su ajetreo se recogió en un aguafuerte de colores tostados.
– ¿Por qué me has besado? – pregunto el mimo.
Ella cubrió con sus manos sus labios blancos.
 
 
El oso estaba a dos patas formando una bella estampa. Sus ojos bizqueaban, el aire se le atragantaba. Sus oscuros labios temblaban. Una solitaria abeja trazaba ochos justo sobre su morro manchado de miel. El oso movió sus patas lentamente para cubrir el negro botón de su nariz, pero justo antes la abeja se posó entre sus ojos. Y allí, cómodamente abrigada, se durmió.
 
 
Ella anda descalza por el jardín. Su mirada consigue que las flores luzcan sus mejores galas, que los pájaros se acicalen con ganas de primavera y que el agua de la fuente gorjeé como recién nacida. Su sonrisa me llena el sentir, lo sostiene con delicadeza entre lo sugerente y lo desnudo y finalmente lo libera hacia un cielo de un azul compartido. Ojala ella fuera la estatua y yo el artesano de palabras.
July 25

El tesoro

 
La cajita con una enorme cerradura negra pintada contenía un pañuelo arrebujado a un diente, la envoltura de un bombón italiano, un trozo de cordel para cometas, un boleto de feria, un billete de una libra con la cara sonriente de una reina, una rosa del desierto del tamaño de una canica y una canica que parecía contener una selva verde. El anciano tomó sin dudarlo la canica y la pasó por la luz del sol. Aún se notaban corrientes si la movías con suavidad.
– Es una canica – dijo el niño.
– Casi – sonrió su abuelo. – Es un vale por un deseo.
– ¿Un vale por un deseo?¿Y cómo furrula?
– Tienes que pedirlo en voz alta ante una persona a la que quieras y después esconder el vale en un lugar que sólo tú conozcas. Es muy valioso, lo creó un artesano italiano para dárselo a su hijo como regalo de boda.
– ¿Y lo que pides se cumple?
– Claro y desaparece para siempre. Por eso hay que pensárselo muy bien antes de decidir en que deseo gastarlo.
– Entonces tu deseo no se cumplió.
– ¿El mío? ¿No crees que podría ser el de tu abuela?
– ¿Es de la abuela? ¿Por qué está en tu caja de los tesoros entonces?
– Esto no es como esas cosas modernas donde aprietas un botón y te avasallan con luces y ruido. Tarda lo suyo. Y el deseo de la abuela era importante. Yo me ocupe de que se cumpliera antes y así pude guardarlo intacto.
– ¿Me lo regalas?
– Pilluelo, aún te queda mucho por aprender. ¿Cómo crees que llegó hasta mí?
– ¿Lo compraste?
– Hay cosas que no se pueden pagar ni con todo el oro del mundo. Me lo dieron después de la guerra, cuando los traqueteantes trenes se llenaban de hombres con gabardinas enormes y mujeres embarazadas y podías saltar en marcha si le dabas una propina al maquinista. Por aquel entonces estaba haciendo amigos y viajando a costa del ejercito. Nos subimos en Amorox a un destartalado vagón sin pagar ni un duro. Y cuando ya se escuchaban pitidos de partida se nos coló un extranjero. Tenía una cámara de fotos y nos enseñó como se manejaba. Hablaba muy... suave, siempre preguntando y te miraba al fondo de los ojos.
– Y entonces te regaló el deseo.
– No, pero ya falta poco. Al ir llegando a Madrid empezó a notarse el frío. Él iba en mangas de camisa y yo decidí regalarle mi chaqueta. Le dije que ya afanaría... ya encontraría otra.
– Y te lo regaló.
– Sí. Y yo se lo regalé a tu abuela cuando nos casamos.
– Abuelo, tú siempre andas pidiendo besos y yo te los doy.
– Sí, es que la mejilla me hace cosquillas muy a menudo.
– Toma uno que seguro que te cura.
– Gracias. Era justo lo que quería. El vale por un deseo es tuyo. ¿Sabes ya lo que vas a pedir?
– Se lo voy a dar a mama.
– Vaya, has salido listo. Seguro que eso lo heredaste de tu abuela
July 24

Fantasía

 
Donde las lágrimas se vuelven caballitos de cristal
que galopan hacia palacios de invierno y aurora
donde la reina de corazones escapó de su destino
y planta rosas blancas en la ternura de sus pasos.
 
Donde los sueños encuentran una voz que les acuna
en la serenidad de un refugio nacido de lo profundo
donde duermen vetas de oro y gotean las tormentas
y un barquito chiquitito está aprendiendo a navegar.
 
Donde los besos me liberan mariposas de papel
que construyen un hogar sobre el firme del alma
donde se alinean los latientes ríos de la vida
y sonrisas de niños iluminan cada habitación.
July 21

El mensajero

 
 – Buah mamá, mira que lejos se puede ver.
 – Sí, las vistas hermosas son el más bello tesoro del viajero.
 – ¿Yo soy un viajero, mamá?
 – Claro que sí. Pero si sigues corriendo a mi alrededor te cansarás y tendré que volver a cargarte a la espalda.
 – ¡Así será más divertido!
 – Ahora te ríes pero cuando llegue la hora de repartir la comida me parece que mi parte será la más divertida.
 – Siempre lo es, porque eres mayor.
 – Ah, pero soy mayor porque soy la que más trabajo.
 – Entonces llévame una mijilla...
 – Vamos. Sube antes de que se me cansen los brazos.
 – ¡Yupi!
 – Eso...
 – Mamá, mamá. Viene un mensajero.
 – ¿Cómo lo sabes?
 – Allí, mamá. Allí se ven sus plumas blancas.
 – Pues vamos a dejarle paso...
 
 – ¡Nos ha sonreído!
 – Vaya. Era un buen mozo. Tomaremos un aperitivo en su puesto.
 – ¡Sí! Pero... No tendremos que darle mucho, ¿no?
 – No seas egoísta. Además seguro que su familia le ha preparado comida y tiene agua más fresca que nosotros y si no es así pues le habremos ayudado. Vamos, bájate.
 – Va muy deprisa.
 – Y volverá muy deprisa. Es su profesión.
 – Yo de mayor quiero ser mensajero.
 – Tienen que elegirte para eso. ¿Y porqué querrías serlo?
 – Para poder llevarte a ti cuando seas pequeña.
 
 
July 20

Semillas de poesía 2

 

Lo bueno se refleja.

Que cada uno de tus sueños sea una aventura.

Quién siembra poemas recoge poetas.

Tú eliges tu verdad.

La maldad es un vacío, una ausencia, pero no un olvido.

Haz de tu miedos esperanza y de tu esperanza amor.

La vida tiende a la belleza.

Cámbiate primero a ti, luego a los que quieres y por último el mundo.

Cada nacimiento es un voto por Dios.

Siempre nos quedará la rosa.

Sólo silba y allí estará tu sonrisa.

Elije todo lo que puedas.

Aún ganando puedes ganar un amigo.

Tu mirada enamora mis palabras.

July 19

Sirena

 
   La sirena nació del beso de una copa, trató de dar un paso y tropezó volviendo a hundirse en el mar de gente. Un parpadeo antes todos los augurios indicaban que sería una noche de vuelo rasante: el sol había prolongado su estancia como si le costase regresar al otro lado, un portero del tamaño de una puerta me había pisado y mi amigo Jorge se había perdido en algún lugar entre el "Áureas" y el "Bóreas", dos bares gemelos.
   Sus labios radiaban esos brillos argentinos que dotan de pececillos de vida a los ojos. El resto de su cuerpo me lo imaginé. Solté la copa medio bebida, la misma de todas las noches, como liberándome de un ancla de cristal y la seguí.
   Su baile era un chapoteo tendiendo puentes en el continuo latir de la música. Avanzaba según una ley tan cambiante como el propio agitarse de la multitud y en su turbulenta estela yo pugnaba por no perderla.
   Salimos. Dejamos que el viento nos recogiese hacia dentro.
   "¿Quién eres?" pregunté porque no podría haber hecho otra cosa. Su voz de manantial brotó con una alegría que me desbordó para tejerme un cálido sentimiento.
   "Una sirena" dijo y entonces comprendí que caía con un suave balanceo en las redes del amor.
   Eras de tiempo después nos amamos navegando por las sabanas hasta romper en una playa de huevo y harina, volteando estrellas, paredes y tierra hasta deshacerlas en nuestra boca.
   Al amanecer nos asomamos el uno al otro y alcanzamos a vernos el corazón.
   "Prefiero pulirme en el roce con tu piel a desgastarme recordándote" dije y ella se rió y me silenció con sus manos.
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